Tuesday, October 4, 2011

Las calles son de todos

Las calles son de todos
Gina Montaner | Miami
Actualizado martes 04/10/2011 02:27 horas

En Cuba está ocurriendo lo que durante más de medio siglo la dictadura
castrista ha procurado contener a cualquier precio: la disidencia ha
salido de la oscuridad de los zaguanes y las protestas se multiplican en
las ciudades. Ya no sólo es la Habana. En las provincias más remotas, la
oposición democrática se ha echado a la intemperie para jugarse el tipo
contra las turbas de repudio dirigidas por la Seguridad del Estado.

Algo se mueve en Cuba y ese algo son los disidentes que se le escapan a
un régimen cuyo mantra ha sido 'Dentro de la Revolución todo, fuera de
la Revolución nada'. Por eso los hermanos Castro han intensificado la
persecución y las detenciones. Elizardo Sánchez, histórico líder de la
Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), ha dado
a conocer un escalofriante informe: sólo en el mes de septiembre se han
efectuado 563 detenciones por motivos políticos. Se trata de la cifra
más alta en los últimos 30 años.

Lo más triste es que ese astronómico guarismo está "muy por encima del
promedio de 278 detenciones mensuales registrados en los últimos 8 meses
anteriores". O sea, hasta el mes pasado las autoridades se mostraban
'magnánimas' con casi 300 arrestos al mes. ¿Es que acaso ahora se le ha
ido la mano a la policía política?

No nos llamemos a engaño. Han sido 52 años de atropellos y de represión.
La única diferencia es que, con el temido Padrecito Fidel desdibujándose
en su ocaso, la memoria colectiva sólo tiene como referente la cruel
dictadura en la que han nacido y crecido las nuevas generaciones.
Aquellos barbudos que bajaron de la Sierra como ídolos del Rock, ya no
pueden acachar los males del país al régimen de Batista. A estas alturas
tampoco convencen con el manoseado discurso en contra del imperialismo
yanqui. Porque el único cáncer del que tienen memoria los cubanos y la
única soga que cada día les aprieta el pescuezo de sus pensamientos, son
los caprichos absolutistas de una dinastía que los ha triturado lentamente.

Ríanse de los Indignados libres y bien alimentados que toman por asalto
el puente de Brooklyn o acampan en la Puerta del Sol. La ola de arrestos
y palizas que hoy denuncian los disidentes cubanos, es el acto reflejo
de un totalitarismo que quisiera aplastar de un golpe seco y definitivo
a las mujeres y hombres que lanzan proclamas suicidas de libertad. Ellos
son el pueblo llano y llevan en sus rostros la memoria de Orlando Zapata
Tamayo. Un humilde obrero negro que prefirió morir en una huelga de
hambre antes que soportar más oprobios en el presidio político. Zapata
Tamayo es el Che de los Indignados de Cuba. Algún día las camisetas de
medio mundo llevarán la imagen de este mártir como hoy, insensiblemente,
muchos llevan la de Ernesto Guevara.

Las supuestas reformas de Raúl Castro no han sido más que cortinas de
humo para apuntalar su feudo. Y de nada han valido los gestos de la
Unión Europea y los del gobierno de Obama, tendiendo el ramo de olivo
del levantamiento del embargo a cambio de pasos hacia la
democratización. Sencillamente los últimos mohicanos del castrismo
continuarán dando palos y torturando, porque la alternativa es sentarse
en el banquillo de los acusados mientras otros recopilan el Libro de la
Verdad.

Con inteligencia y con una sorprendente capacidad de movilización, esta
disidencia renovada y empeñada en revivir la Primavera de los 75, ha
conseguido alzar su voz hasta ganar espacios que habrían sido
impensables hace años. Delante de los Indignados marchan Guillermo
Fariñas , Antúnez, las valerosas Damas de Blanco o la hoy encarcelada
Sara Marta Fonseca. Un día vencerán y las calles al fin serán de todos.

http://www.elmundo.es/america/2011/10/04/cuba/1317709166.html

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