Tuesday, May 24, 2011

La impostergable reconciliación

Reconciliación, Cambios

La impostergable reconciliación

La reconstrucción de Cuba es totalmente imposible sin una reconciliación
y de igual manera no puede haber una reconciliación si el país continúa
destruyéndose

Rafael del Pino, EEUU | 24/05/2011

Los procesos de perdón y de reconciliación entre los individuos, o entre
grupos sociales, son largos y extremadamente complejos y dependen de
muchas variables internas, psicológicas, de comportamiento, así como
históricas y políticas.

Una de las visiones más razonable y justa para la reconciliación debe
estar basada en el ejercicio activo de la ciudadanía y en la
reciprocidad democrática como requisitos fundamentales para la solución
de los problemas sociales. Esta concepción de reconciliación requiere
que se le reconozcan a todos los ciudadanos el derecho a participar
activamente en las discusiones políticas, a mantener distancias entre sí
y a no estar necesariamente de acuerdo unos con otros. Esto implica que
todos los actores sociales participen activamente en la toma de
decisiones sobre el futuro de la sociedad, aunque puedan tener visiones
distintas o antagónicas.

En la actualidad, quizás por primera vez desde el triunfo de la
revolución cubana, existe en nuestra patria un consenso generalizado
entre gobernantes y gobernados de que el país está en franca bancarrota
económica y moral. Sin importar ideologías o status social, incluyendo a
la máxima dirección del país, se ha reconocido que Cuba está al borde
del precipicio. Para salir de esta crisis que parece insalvable hay
diferentes visiones, pero hasta ahora solo se ha escuchado una versión
exigua, la dada en el VI congreso del Partido Comunista, sobre cómo
poder superarla. Es hora ya de dejar de decidir minoritariamente sobre
los destinos de la nación, de auto engañarse más y de acabar de sacar al
país de la crisis que confronta con la participación de toda la
sociedad. Es hora también de dejar de señalar desde la otra orilla las
culpas de quienes causaron este desastre y dejar de vivir en el pasado
sufriendo los oprobios recibidos.

Se ha llegado a una encrucijada imposible de ignorar. La reconstrucción
de nuestro país es totalmente imposible sin una reconciliación y de
igual manera no puede haber una reconciliación si el país continúa
destruyéndose y la sociedad cubana desintegrándose en medio de una
situación insostenible. Pero para poder sentarse a la mesa a dialogar, a
analizar la crítica situación en que se encuentra la nación y a debatir
qué caminos se deben emprender para evitar la catástrofe es necesario
dejar de actuar como tercos adolescentes que se creen con la verdad
absoluta mientras los demás son responsables de todas las desgracias.

No alcanzarían cientos de cuartillas para enumerar los grandes errores
cometidos por ambas partes en pugna. Desde el pecado original de escapar
masivamente del país confiados en que una nación extranjera solucionaría
en pocos meses la confrontación y la complacencia de la contraparte que,
al verse con el terreno abandonado por el contrincante, se sometió
también a otra potencia extranjera para consolidar su poder. ¿Vale la
pena volver a rememorar esta nefasta y tortuosa historia que condujo al
país en ruinas que tenemos hoy? No creo que sea necesario un acto de
masoquismo de tal envergadura. Es la hora de la recapacitación, de la
voluntad de sobreponer el futuro de las nuevas generaciones a las
heridas que puedan no haber cicatrizado todavía.

Raúl Castro en innumerables ocasiones ha llamado a Estados Unidos a
sentarse a negociar las diferencias existentes entre los dos países.
"Estamos dispuestos a sentarnos a discutir todo en igualdad de
condiciones", ha expresado en más de una ocasión. Pero es que no es a
los Estados Unidos a quien se les está cayendo el país en pedazos, la
Guerra Fría terminó hace ya muchos años y Cuba ha pasado a ser una de
las últimas prioridades para Washington. Fuera de un posible éxodo
masivo, al país del norte no le interesa si el Gobierno cubano hace uno,
diez o cuarenta congresos del Partido Comunista para tratar de legitimar
su permanencia en el poder, diciéndole al pueblo que ahora sí van a
perfeccionar el socialismo. Ese es un problema de los propios cubanos en
su propio país, piensa legítimamente la Casa Blanca. Es con su propio
pueblo, con la proscripta oposición interna, con esos cientos de miles
de jóvenes que sin formar parte de grupos disidentes rechazan un régimen
que desea controlarlo todo, que los ahoga, que solo le ofrece
privaciones y llamados al mismo sacrificio que le pidieron a sus padres,
abuelos y tatarabuelos. Es con esos cubanos con quien debe el Gobierno
cubano dialogar y no con nosotros, le han respondido también diferentes
Administraciones en varias ocasiones.

Mueve a risa escuchar a Alarcón decir que "Obama no tiene voz ni voto en
Cuba", respondiendo a un comentario hecho por el Presidente de Estados
Unidos de que la relación con la Isla no cambiaría, mientras el Gobierno
cubano no realice verdaderos cambios democráticos. Lo que también
demuestra cuan fatuos son muchos de los dirigentes cubanos y cómo han
perdido todo contacto con la realidad. Estaría loco de remate Obama si
quisiera hacerse cargo del Estado parásito que acabó económicamente con
la URSS y que ahora también amenaza con poner en bancarrota a Venezuela.

Pretender el Gobierno cubano que podrá llevar una relación de buen
vecino, de colaboración económica, científica y técnica con Estados
Unidos, sin antes poner fin a la privación de todos los derechos
fundamentales del ciudadano y sin terminar la práctica de creerse un
grupo omnisciente que por derecho divino tiene la facultad de tomar
decisiones infalibles en nombre de toda la sociedad, es estar totalmente
errado.

Para poder iniciar un proceso de reconciliación es necesario que todos
los ciudadanos puedan participar en la toma de decisiones, que puedan
emitir libremente sus opiniones y criterios sin temor a ser hostigados,
reprimidos, difamados o insultados.

La práctica medieval de arrogarse el derecho a ser eternamente la
vanguardia del pueblo y de poder ser quien lo dirija sin tener que
competir con otras agrupaciones en igualdad de condiciones por el
respaldo popular, hace siglos quedó atrás y los que han ignorado esta
realidad sufren hoy las consecuencias que estamos viendo con la
Primavera Árabe.

Los que por diferentes condiciones de la vida en un tiempo se
consideraron como vencedores y victoriosos, cuando la historia parecía
que estaba de su parte, con el transcurso del tiempo su estatus llega a
cambiar. Aquellos grupos o individuos que comprueban que la historia ya
no les favorece, que han cambiado las condiciones objetivas, que
comprenden que la lógica que ellos impusieron ya no tiene cabida ni
sentido en el nuevo orden, que lo que en su momento pudo beneficiarles
en prerrogativas, dádivas y honores se ha revertido contra ellos
haciéndoles rehenes de sus responsabilidades, han arribado al umbral de
la negociación. Negarse a aceptar ese reto sería un acto suicida que
jamás la historia les perdonaría.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/la-impostergable-reconciliacion-263170

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