Sunday, February 7, 2016

Por una verdadera batalla de ideas

Por una verdadera batalla de ideas
REGINA COYULA, La Habana | Febrero 07, 2016

Ya sea un gobierno presidido por un miembro del Partido Comunista o por
cualquier otro elegido por el voto directo y secreto de la ciudadanía,
los retos que tendrá por delante ese futuro gobierno son
inconmensurables. En un ámbito de libre flujo de la información, donde
la emisión de opiniones ya no sea percibida como actividad punible por
unos, o potencialmente peligrosa por otros, Cuba, tan unánime como
aparenta ser, se volverá una tribuna convulsa de opiniones dispares.

Los trabajadores, que hoy cumplen metas y ondean esas banderas de
colectivo vanguardia, exigirán derechos y organizarán huelgas. Este país
que tan quieto parece hoy será una Torre de Babel. Es por eso tan
importante que las diferentes visiones sobre Cuba no se ignoren unas a
otras, y sobre todo que el Gobierno no las ignore en conjunto; es que
hasta el sentido común permite suponer que dentro de las filas del
aparentemente monolítico oficialismo, existen opiniones que se
distancian del quehacer oficial y solo gracias a la argamasa del llamado
centralismo democrático no se notan.

Entre los ciudadanos, cualquiera que desee hacer política seria, si
quiere atraer interés y agenciarse votos, debe ser explícito y
convincente respecto a la preservación de un sistema de salud, educación
y seguridad social que abarque a todos, solo que estas actividades no
tienen que ser exclusivamente las gratuitas. Las desigualdades en este
momento se manifiestan de manera procaz precisamente en las escuelas y
en los centros de salud.

La falta de sentido de propiedad y de pertenencia del "todo es de todos,
nada es de nadie" ha dado funestos resultados. Las diferentes formas de
propiedad no han sido implementadas sino de manera excepcional. Frente a
la limitada propiedad privada (vivienda, auto, bóveda en el cementerio,
muebles, enseres personales, terreno agrícola), el resto ha sido en
proporción abrumadora propiedad estatal, no social, por mucho que traten
de explicar lo contrario.

La economía necesita renovarse. Es impostergable la modificación de la
pacata Ley de Inversiones para que los más motivados (los cubanos sin
distinción geográfica) puedan participar. El Estado debe convertirse en
un administrador y coordinador eficiente y debe reformar su estructura
adiposa y anquilosada. No hacer los despidos necesarios para aligerar la
estructura estatal es una decisión política con un gravamen económico
que también incide en la falta de igualdad.

La política fiscal (justa, basada en la producción y la productividad)
debe financiar las políticas sociales y el desarrollo estratégico del
país, pero con una total transparencia acerca del destino de ese dinero.
Es irrespetuoso con el contribuyente obligarle a sostener un aparato
estatal enorme e ineficiente. La planificación debe ser realista, ajena
al voluntarismo, fechas históricas o "tareas bajadas", y debe ser parte
natural de la autonomía de las empresas.

El mercado no puede seguir subordinado a la política; en todo caso debe
subordinarse a los intereses sociales. La intervención estatal en el
precio de los productos agrícolas es vista con recelo y las críticas no
se han hecho esperar.

Articular la participación democrática y la obediencia a la ley sin
excepciones son los mayores retos, no hay que temer a una verdadera
batalla de ideas; si los ciudadanos se sienten libremente convocados y
correctamente informados, la participación será masiva y espontánea.

Un buen proyecto debería inspirarse en la república martiana con todos y
para el bien de todos. En un proyecto así cabemos los cubanos de adentro
y de afuera, dispuestos a debatir y a respetar lo que se decida en las
urnas, y mucho que habría que votar en los próximos años.

Como en toda empresa colectiva, nadie saldrá enteramente ganador. Las
negociaciones a que eso dé lugar serán abiertas, como abierto ha de ser
cualquier proyecto que suceda al secretismo de estos años. Y que el voto
ciudadano tenga la última palabra.

No se está inventando nada. Existe una enorme experiencia en nuestra
historia y en la historia en general de cómo se hacen las cosas para que
salgan mejor o para que salgan mal. Personalmente tengo muchas dudas de
cómo debe ser, pero no tengo ninguna de cómo NO debe ser.

Source: Por una verdadera batalla de ideas -
http://www.14ymedio.com/opinion/verdadera-batalla-ideas_0_1940205961.html

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