Wednesday, August 26, 2015

Las estadísticas que faltan sobre la mujer en Cuba

Las estadísticas que faltan sobre la mujer en Cuba
YOANI SÁNCHEZ, La Habana | 25/08/2015

En la barriada de Cayo Hueso todos la conocían como "la mujer de los
machetazos". No había que acercársele demasiado para ver en sus brazos
las cicatrices. Esas marcas para toda la vida, hechas una noche en que
el marido regresó a casa con más alcohol que paciencia y la emprendió
machete en mano contra ella. Él estuvo un par de años preso y después
volvió al mismo cuarto de solar donde había sido la pelea. "No tiene
ningún otro lugar para vivir y la policía no lo saca de aquí", contaba
ella en tono de disculpa. La violencia de género se cobra cada día un
número indeterminado de víctimas en Cuba, pero las estadísticas de esos
actos repudiables no salen a la luz pública.

Durante semanas y con motivo del 55 aniversario de la Federación de
Mujeres Cubanas (FMC), hemos tenido que escuchar en la televisión y la
prensa oficial las cifras de féminas que han escalado posiciones
administrativas, están al frente de una empresa, forman parte del
parlamento o han logrado graduarse en la universidad. Nos atiborran con
solo una parte de los números, para demostrar la emancipación femenina
que ha alcanzado el país, mientras silencian los datos sobre ese lado
oscuro de la realidad donde el hombre manda y la mujer obedece.

Hace un par de años conversaba en un clima de confianza con al menos
ocho amigas, todas graduadas en la enseñanza superior, con profesiones
en el campo de las humanidades y cierta autonomía económica. La mayoría
confesaba haber sido golpeada al menos una vez por su marido, un par de
casos había sufrido violaciones sexuales dentro del matrimonio y tres de
ellas habían tenido que salir huyendo "con lo puesto" para evitar la
violencia doméstica. Lo más alarmante es que lo narraban con el
conformismo de "eso es lo que nos toca por ser mujeres".

Si nos alejamos de La Habana, el problema empeora y toma connotaciones
de tragedia. Pegarse candela por las humillaciones que se viven en el
seno de la pareja es una práctica más común entre esposas maltratadas de
lo que confiesan las estadísticas. Odieti, una campesina de un pueblito
perdido en el campo cienfueguero, se bebió de un tirón un pomo de tinta
china para poner fin al calvario en que el marido la tenía sumida.
Después de horas de sufrir, salvó la vida y se ganó la siguiente paliza
"por floja". Eso le repetía él mientras le descargaba el cinto sobre la
espalda.

Vivir en un país donde no existe la ablación del clítoris, los
matrimonios forzados ni está prohibido que las mujeres conduzcan un auto
no es suficiente razón para respirar tranquilas y creer que el grave
problema de la desigualdad de género está resuelto. Mostrar los números
de superación profesional, la integración a la vida laboral y las
responsabilidades como dirigentes de millones de mujeres a lo largo de
la Isla no debe acallar el drama en que viven sumidas tantas de ellas.

Hay que mostrar las otras estadísticas. Esas que revelan el número de
pateaduras que cada semana caen sobre senos, espaldas y rostros
femeninos. Debe publicarse con claridad la cantidad de víctimas que han
llegado a una estación de policía suplicando que alejen al marido
abusador del hogar y se han encontrado a un oficial de guardia que
bosteza y dice "lo que tienen es que arreglarse entre ustedes".

Son necesarios también los números de las que están "esclavizadas" al
fogón después de cumplir una jornada laboral en la calle y que
probablemente coincida con los cuatro millones de afiliadas de las que
se pavonea la FMC. Las madres solteras o divorciadas, con pensiones
ridículas que no les alcanzan ni para darle de comer al hijo una semana.
A esas, ¿quién las incluye en los recuentos que después informarán los
periodistas oficiales? Y aquellas a las que su pareja las ha amenazado
con que "si me dejas te mato", ¿dónde aparecen registradas? ¿A cuántas
les han cortado la cara con una cuchilla como se "marca" una vaca, para
que todos sepan que pertenecen a ese macho, varón, masculino, que además
les es infiel con tantas otras?

¿En qué lugar está el inventario de los suicidios o de los intentos de
suicidio por las vejaciones sufridas a manos de un hombre abusador?
¿Cuál es el número de las que han sido acosadas por un novio celoso que
las persigue a todas partes y les da golpizas y escándalos públicos?
¿Cuántas tienen que ceder a las presiones sexuales de su jefe en el
trabajo, porque saben que de otra manera no podrán ascender
profesionalmente? ¿Y la cifra de las que son acosadas en las calles por
parte de quienes creen que es una obligación viril meterse con una
mujer, tocarla, insinuársele todo el tiempo?

Sólo podremos enorgullecernos de lo logrado en cuanto a la dignificación
de la mujer cuando podamos empezar a solucionar todos esos males, que ni
siquiera pueden debatirse públicamente en estos momentos. Tener
organizaciones femeninas autónomas es esencial para alcanzar esas
reivindicaciones. Los refugios para féminas maltratadas, un corpus legal
que penalice con fuerza al abusador y una prensa que refleje el
sufrimiento de tantas se vuelven esenciales para dejar tales atrocidades
en el pasado.

Source: Las estadísticas que faltan sobre la mujer en Cuba -
http://www.14ymedio.com/blogs/generacion_y/estadisticas-faltan-mujer-Cuba_7_1840685914.html

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