Tuesday, April 22, 2014

Fórmula mágica para revivir el socialismo

Fórmula mágica para revivir el socialismo
¿Remojando sus divisas en el agua bendita del castrismo, lograrán los
inversionistas salvar las "conquistas" de la casta verde olivo?
martes, abril 22, 2014 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba –Durante las últimas semanas la nueva Ley de inversiones
–la más reciente fórmula mágica para superar la crisis endémica del
"modelo"– ha estado ocupando espacios en la prensa oficial cubana de
manera preeminente.

Comentarios, entrevistas a funcionarios y especialistas en el tema, y
opiniones que enfocan las bondades y beneficios de asimilar el capital
foráneo como vía más expedita para finalmente alumbrar a la vida el
socialismo que lleva más de 50 años en fase de gestación, afloran desde
las páginas de los libelos gubernamentales y desde los noticieros de
televisión, anunciando la buena "nueva": el capital es la piedra
filosofal del desarrollo. Así, pues, olvidemos todo el catecismo
ideológico defendido hasta ahora, porque nuestros beneméritos
gobernantes han descubierto que remojando las divisas en el agua bendita
del castrismo lograremos salvaguardar las "conquistas"… de la casta
verde olivo.

Y precisamente porque de las conquistas de los ancianos druidas y sus
acólitos se trata, la Ley de inversión extranjera nació con
deformaciones congénitas que requieren de una profunda cirugía
reconstructiva, si realmente pretenden que funcione.

La más relevante imperfección que salta a la vista desde el principio es
la aberración jurídica de excluir expresamente el derecho de los cubanos
de la Isla a participar como inversores libres en su propio país,
cuestión que no tiene parangón en ninguna nación civilizada, y que por
sí sola descalifica de antemano las mejores intenciones. Otra, no menos
retorcida, es la proscripción de la libre contratación. Ambos elementos
resultan insostenibles por cuanto no se justifican ni cumplen otra
función que mantener el control absoluto sobre la población para evitar
el debilitamiento del poder político.

Por tanto, la claque de la prensa castrista carga con la ingrata tarea
de impugnar las críticas del periodismo independiente sobre la Ley, dado
que las nuevas tecnologías permiten que otras opiniones burlen el cerco
informativo oficial y lleguen a la población. Los fundamentalistas se
lanzan ahora a las trincheras para librar otra batalla contra la
libertad de opinión.

Así lo cumple un joven periodista, a todas luces mal entrenado, cuando
aborda el tema desde un artículo publicado en el periódico Juventud
Rebelde ("Buenas inversiones y 'escépticas' versiones", Yoerky Sánchez
Cuéllar, domingo 20 de abril de 2014, pág. 3),que resulta desafortunado
desde su propio párrafo inicial, cuando se refiere a los autores de los
cuestionamientos como "los pregoneros de una política enfocada a
favorecer los intereses foráneos por encima de los asuntos nacionales".
Este despiste acusa la impericia del novato, al referirse en tales
términos a los críticos de una Ley que favorece justamente "los
intereses foráneos" en detrimento de los cubanos.

Ahí no terminan los desaciertos de Yoerky, quien obviamente tiene acceso
a la prensa independiente pero no se atreve a reproducir los argumentos
de las críticas a dicha Ley. Resulta insostenible ser representante del
pueblo y a la vez abogar en defensa de una legislación que despoja a
éste de derechos esenciales, contenidos en declaraciones y pactos
internacionales de los cuales Cuba es signataria.

"Una de las causas del 'escepticismo' mediático guarda relación con el
hecho de que la legislación prohíbe a los inversionistas extranjeros
contratar directamente a los trabajadores, función que le corresponderá
a entidades empleadoras nacionales", señala Yoerkys, y nos explica que
dicha medida "protege nuestros recursos humanos, considerados la riqueza
más importante del país…". Lamentablemente, olvidó explicar de qué
manera despojar de la capacidad de contratación libre e individual a los
trabajadores cubanos constituye alguna "protección" para ellos y qué
"garantías" ofrece esto a los inversionistas.

"Quién mejor que nosotros mismos para seleccionar el personal de
trabajo, teniendo en cuenta requisitos que tributarán a una mejor
solvencia y satisfacción para todas las partes…", se pregunta este
alabardero, sumergido en un "yo colectivo" que emerge siempre cuando los
señores tratan de convencer al rebaño de la necesidad del sacrificio.
Acaso él ignore que en aquel período que nos vendieron como
"seudo-república", las empresas extranjeras contrataban libremente a los
trabajadores cubanos, quienes no precisaban de una agencia gubernamental
para que ésta determinara su idoneidad, el monto de sus salarios o los
impuestos que tributarían al Estado, por lo que la actual Ley de
inversiones implica un serio retroceso en materia de derechos laborales.

En definitiva, lejos de resultar esclarecedor, el texto de referencia
revuelve la turbidez de una Ley que encierra más interrogantes que
respuestas. Continuamos sin saber cómo se define la "cartera
inversionista" ni qué dispositivos la administrarán o impedirán
favoritismos, tráfico de influencias, corrupción, clientelismo y otros
males. No existe un mecanismo o sistema de información que permita a los
cubanos –supuestos beneficiados– conocer en qué renglones, quiénes y
cómo van a invertir; mucho menos verificar los montos, las ganancias y
cómo será la redistribución de las riquezas que se obtendrían. Las
"razones excepcionales de interés social o utilidad pública" que
determinen las expropiaciones tampoco han sido claramente establecidas y
quedan a discreción del gobierno, en tanto la corrupción galopante y
generalizada –pese a las muchas batallas y contralorías– sigue sin ceder
terreno y constituye una amenaza para cualquier inversionista, en un
país en que las acciones de los individuos están pautadas por la
supervivencia.

Yoerky no dice, quizás porque un siervo no puede entenderlo, que en
ausencia de libertades ciudadanas y de cambios democráticos ninguna
medida paliativa logrará remontar la crisis. Sin dudas, siempre
aparecerán inversionistas dispuestos a la aventura con el régimen y
seguramente miles de cubanos acudirán a solicitar empleos en las
agencias de "nosotros mismos", porque si algo mueve multitudes es la
subasta de la miseria. Quizás para entonces este joven, promesa del
periodismo oficial, verá en esto otra "victoria de la revolución". No
pretendo discutirle ese punto: llevo 54 años asistiendo a ellas, sin
beneficio alguno.

Source: Fórmula mágica para revivir el socialismo | Cubanet -
http://www.cubanet.org/destacados/formula-magica-para-revivir-el-socialismo/

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